Hace ya un tiempo que un miembro de mi familia murió. Llegó, como decía un hombre sabio, al final de un viaje. El trayecto fue toda su vida.
Quería sentarme y meditar, pausadamente, todo lo que sobre él quería contar y no encontraba el tiempo suficiente por lo que hoy he considerado que, con más o menos tiempo eso ya no es lo primordial, me sentaba y escribía sobre Fitz. Fitz era como llamábamos familiarmente, vamos de contínuo, a Fitz Roy.
El gatito que, como todos los gatos del mundo, deciden dejar compartir su tiempo y su espacio a humanos afortunados.
Fitz creció en un hogar de montañeros de ahí su gran nombre. Gran nombre que nombra , a su vez, y valga la redundancia a una hermosa y gigante montaña que se encuentra en la patagonía haciendo de frontera entre Chile y Argentina.
Supongo que los nombre marcan y la belleza que desprende la montaña de Fitz Roy y la felicidad que está produce fue la misma que la que el gato Fitz Roy produjo en la familia que tuvo el gran honor y la suerte de poder acompañarle en su viaje de la vida durante 18 años.
Por ello no quiero dejar que la huella que él dejo en nosotros quede, al menos , sin ser recordada en este blog. Por todas las cosas buenas que nos entregó y que intentamos compensar de la mejor manera que supimos, sobre todo su familia más directa.
Se fue al tiempo que dos grandes personas del mundo de la cultura, Francisco Áyala y José Luís López Váquez, por lo que ha tenido buenos compañeros hacía algún lugar ...
Descansa en paz ...vivirás por siempre mientras nosotros lo hagamos.



Es muy emotivo el comentario, muchas gracias en nombre de la familia de Fitz-Roy.
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